"Ocho segundos para salvar un mundo que se apaga"

En El rey del rodeo (título original: Junior Bonner), Sam Peckinpah se aleja deliberadamente del estruendo para firmar un western contemporáneo de tono íntimo, casi crepuscular, con Steve McQueen en uno de sus trabajos más contenidos y humanos. La acción se sitúa en Prescott (Arizona) durante las celebraciones del 4 de julio y su legendario rodeo, un escenario perfecto para hablar de pertenencia, orgullo y del precio físico —y emocional— de vivir siempre al límite.

La película funciona como un retrato de época y, a la vez, como una elegía: la América de la carretera, los bares, los desfiles y las viejas lealtades empieza a ser sustituida por el negocio, la especulación y las “soluciones modernas” que arrasan con lo anterior. Peckinpah filma ese choque sin subrayados, dejando que el polvo del pueblo, los silencios familiares y la arena del ruedo cuenten lo que los personajes apenas se atreven a decir.

Trama

Junior “JR” Bonner es un veterano jinete de rodeo que regresa a su ciudad natal para competir en el gran evento local de Frontier Days. Llega magullado, con poco dinero y con la sensación de que el tiempo —y el cuerpo— ya no perdonan igual, pero también con la necesidad de reencontrarse con su lugar en el mundo. Ese retorno lo enfrenta a un hogar que ya no es el mismo: su familia está marcada por viejas heridas, y el pueblo avanza hacia un futuro en el que los sueños románticos del Oeste parecen un estorbo.

Mientras el rodeo se prepara como una fiesta colectiva, JR intenta recomponer vínculos y entender qué queda en pie de su propia identidad cuando todo alrededor cambia de forma. Entre discusiones, reconciliaciones a medias y momentos de camaradería, la historia acompaña a su protagonista en una semana decisiva, donde la pista del rodeo se convierte en metáfora: no se trata solo de aguantar, sino de decidir por qué —y para quién— merece la pena hacerlo.

Anécdotas

  • Rodada en el Prescott real: el film se rodó íntegramente en Prescott y alrededor del auténtico rodeo de Frontier Days; se incorporó metraje del 84º rodeo (1971) y del desfile, con miembros del reparto participando o asistiendo a los actos.

  • Autenticidad de barra y arena: el histórico Palace Bar se utilizó para interiores y exteriores, y un campeón real, Casey Tibbs, aparece brevemente como él mismo y actuó además como asesor de rodeo.

  • Casting “a la antigua” en el saloon: según la prensa local recopilada por el Sharlot Hall Museum, las audiciones de extras se celebraron en el Palace Saloon, buscando perfiles de “turistas o VIPs locales”, con pago diario y comida incluida.

  • La ciudad se volcó: el equipo organizó y participó en un evento benéfico para el centro juvenil del condado, con actores del reparto implicados en la recaudación.

  • El propio Peckinpah bromeó con su recepción: tras un rendimiento comercial discreto, se le atribuye la frase de que hizo “una película donde nadie recibió un tiro y nadie fue a verla”, reflejando lo atípica que era dentro de su filmografía.

Motivo final para verla

Porque captura algo muy difícil: la épica mínima de un hombre corriente peleando contra el calendario, el mercado y sus propias dudas, con un McQueen extraordinariamente vulnerable y un Peckinpah sorprendentemente cálido, filmando la despedida de un mundo sin necesidad de disparar un solo tiro.