Satanismo setentero, desierto abrasador y un final “derretido” de culto

Dirigida por Robert Fuest (especialista en barroquismo macabro), La lluvia del Diablo es una cápsula perfecta del furor ocultista de los años 70: rituales, maldiciones familiares y un enfrentamiento espiritual que se cuece bajo el sol del suroeste… aunque se rodó en Durango (México), cuya aridez le da al film una atmósfera seca, polvorienta y muy particular.

Su mayor gancho es el reparto coral: Ernest Borgnine como líder de secta, William Shatner como protagonista, con Tom Skerritt, Eddie Albert, Ida Lupino y Keenan Wynn sumando empaque a un espectáculo tan serio en sus intenciones como desbordado en su ejecución. Además, es una de esas rarezas donde el “credencial de culto” viene incorporado: John Travolta aparece en un papel mínimo y Anton LaVey figura como asesor técnico y también se deja ver en pantalla.

Trama

La historia arranca con una maldición que atraviesa generaciones y que vuelve a activarse cuando una familia corriente se ve arrastrada hacia un conflicto antiguo, ligado a un predicador satánico y a un legado que nadie termina de comprender del todo. La amenaza no es solo física: la película juega con la idea de la fe como arma, pero también como grieta por la que se cuelan el miedo, la sugestión y la manipulación.

A partir de ahí, la narración se convierte en una carrera contra el tiempo: pistas, símbolos, presencias inquietantes y un objeto clave que todos desean por motivos distintos. En su camino, los protagonistas cuentan con ayuda inesperada y se enfrentan a una comunidad que parece vivir bajo reglas propias. La película administra sus revelaciones con un tono de serie B ambiciosa: cada secuencia busca escalar la rareza, sin necesidad de estropearte el destino final de sus personajes.

Anécdotas

  • Anton LaVey (Iglesia de Satán) aparece acreditado como asesor técnico y también sale en un pequeño papel, un detalle que alimentó el aura “prohibida” del film.

  • Durante el rodaje se realizó un molde del rostro de William Shatner que terminó vinculado, indirectamente, a la iconografía del slasher: se cita como antecedente del mask-making que acabaría conectado con la máscara de Halloween (1978).

  • La lluvia del Diablo es conocida entre aficionados por su clímax de efectos prácticos “viscosos” (uno de esos finales que se recuerdan más por la textura que por la lógica).

Motivo final para verla

Porque es cine de terror setentero en estado puro: reparto insólitamente potente, estética de “pánico satánico” y un cierre de efectos prácticos que, te funcione o no el guion, se queda en la memoria como una de esas experiencias raras y genuinamente de culto.