En la historia del cine, pocas películas han logrado trascender su época con la fuerza visual, emocional y simbólica de El Fantasma de la Ópera. Estrenada en 1925 por Universal Pictures, esta adaptación de la novela de Gaston Leroux no solo consolidó el cine de terror como género comercial, sino que definió una iconografía que sigue viva un siglo después. El rostro desfigurado del Fantasma, oculto tras una máscara, se convirtió en una de las imágenes más reconocibles del séptimo arte.

La película pertenece a la edad de oro del cine mudo y representa el punto más alto del llamado “terror gótico” de los años veinte. En ella confluyen el melodrama romántico, el horror psicológico y un espectáculo visual monumental. Su influencia alcanza desde el cine clásico de monstruos hasta reinterpretaciones modernas en teatro, música y cine, convirtiéndola en una obra fundacional.

El impacto cultural del film fue inmediato. El público de la época reaccionó con auténtico shock ante el maquillaje extremo y la intensidad dramática de su protagonista, en un tiempo en el que el terror explícito aún no formaba parte del lenguaje cinematográfico habitual. El Fantasma de la Ópera no solo asustó: cambió para siempre la relación entre el espectador y el miedo en la pantalla.


Datos técnicos

  • Título original: The Phantom of the Opera

  • Año de producción: 1925

  • Fecha de estreno: 6 de septiembre de 1925 (Estados Unidos)

  • País: Estados Unidos

  • Duración: 93 minutos (versión restaurada)

  • Género: Terror, drama, romance gótico

  • Productora: Universal Pictures

  • Dirección: Rupert Julian

  • Guion: Elliot J. Clawson y Raymond L. Schrock, basado en la novela de Gaston Leroux

  • Fotografía: Charles Van Enger

  • Formato: Blanco y negro (con secuencias en Technicolor bicromático)

Reparto principal:

  • Lon Chaney – Erik, el Fantasma

  • Mary Philbin – Christine Daaé

  • Norman Kerry – Raoul de Chagny

  • Arthur Edmund Carewe – Ledoux

  • Gibson Gowland – Simon Buquet

Estos datos reflejan una producción ambiciosa para su tiempo, pensada como uno de los grandes eventos cinematográficos de Universal. El estudio apostó fuerte por una historia oscura y compleja, algo poco habitual en el Hollywood de mediados de los años veinte.


Trama

La historia se desarrolla en la majestuosa Ópera de París, un lugar donde los rumores hablan de una presencia fantasmal que habita en los sótanos y pasadizos ocultos del edificio. Este ser misterioso, conocido simplemente como el Fantasma, ejerce un control invisible sobre la ópera, manipulando funciones y sembrando el terror entre los directivos y artistas.

Christine Daaé, una joven y talentosa cantante, comienza a recibir clases secretas de un maestro anónimo al que cree un “ángel de la música”. Gracias a esta guía oculta, su carrera despega de forma sorprendente, despertando tanto admiración como sospechas. Pronto se revela que su mentor es en realidad el Fantasma, un genio musical deformado que vive recluido y obsesionado con ella.

La trama avanza entre el romance, la tragedia y el horror cuando Christine descubre la verdadera identidad de su benefactor. El Fantasma, impulsado por el rechazo social y su amor imposible, arrastra a la joven a su mundo subterráneo, desencadenando una persecución final que combina emoción, terror y un profundo sentimiento de compasión por el monstruo.


Producción y rodaje

La producción de El Fantasma de la Ópera fue una de las más costosas y complejas del cine mudo. Universal construyó una réplica casi a escala real de la Ópera de París en sus estudios, un decorado monumental que impresionó tanto al público como a la crítica. Este escenario se reutilizaría durante décadas en otras producciones del estudio.

Lon Chaney, conocido como “el hombre de las mil caras”, tuvo control absoluto sobre el maquillaje de su personaje. Diseñó y aplicó él mismo la prótesis del Fantasma, utilizando alambres, algodón y colodión para deformar su rostro de manera extrema. El resultado fue tan impactante que, durante los pases de prueba, algunos espectadores reaccionaron con auténtico pánico.

El rodaje no estuvo exento de tensiones. Rupert Julian fue apartado parcialmente durante la producción, y algunas escenas clave fueron completadas por otros directores sin acreditar. A pesar de estos problemas, el film logró mantener una coherencia visual notable, demostrando la capacidad del cine mudo para superar dificultades técnicas y creativas.


Anécdotas y curiosidades

El momento en que Christine arranca la máscara del Fantasma es uno de los más famosos del cine mudo. La expresión de Chaney, captada en un primer plano prolongado, fue considerada escandalosa para la época y marcó un antes y un después en la representación del horror en pantalla.

La película incluyó secuencias rodadas en Technicolor bicromático, especialmente el famoso baile de máscaras. Esto convirtió al film en una experiencia visual única en su tiempo, mezclando blanco y negro con color para enfatizar el espectáculo y el dramatismo.

Existen varias versiones del montaje original, ya que Universal reeditó la película en 1929 con añadidos sonoros. Durante décadas se creyó que la versión muda original estaba perdida, hasta que se recuperaron materiales que permitieron una restauración cercana a la intención inicial.


Premios y reconocimientos

En el momento de su estreno, El Fantasma de la Ópera no recibió premios oficiales, ya que los grandes galardones cinematográficos aún no estaban consolidados. Sin embargo, su éxito comercial fue enorme, convirtiéndose en una de las películas más taquilleras de Universal en los años veinte.

Con el paso del tiempo, la crítica la ha elevado al estatus de obra maestra del cine mudo y del cine de terror. Ha sido incluida en múltiples listas de “mejores películas de terror de todos los tiempos” y es estudiada en escuelas de cine por su uso del maquillaje, la iluminación y la narrativa visual.

El legado de la película es incuestionable: inspiró remakes, adaptaciones teatrales y musicales, y estableció el modelo del “monstruo trágico”, una figura que provoca tanto miedo como empatía y que se convertiría en un sello del cine clásico de Universal.


Conclusión

El Fantasma de la Ópera (1925) es mucho más que una película de terror: es una tragedia romántica, un prodigio técnico y una lección magistral de interpretación sin palabras. La actuación de Lon Chaney sigue siendo una de las más impresionantes de la historia del cine, capaz de transmitir dolor, ira y ternura únicamente con gestos y miradas.

Su atmósfera gótica, su ambición visual y su profundidad emocional la convierten en una obra imprescindible para comprender la evolución del lenguaje cinematográfico. Cada visionado revela nuevos matices y confirma por qué sigue siendo relevante cien años después.

¿Por qué hay que verla hoy?

Porque es el origen de gran parte del terror moderno y una experiencia cinematográfica única que sigue conmoviendo al espectador actual. Además, *puedes ver El Fantasma de la Ópera (1925) gratis online en nuestra web, en una versión ideal para disfrutar de uno de los grandes hitos del cine clásico como merece.