En Something’s Got to Give (1962), comedia romántica inacabada dirigida por George Cukor, la premisa arranca con Ellen Arden (Marilyn Monroe), una esposa y madre que ha sido dada por muerta tras desaparecer en el mar. Años después, contra toda lógica, ella reaparece y regresa a casa, justo cuando su marido Nick Arden (Dean Martin) ya ha rehecho su vida.

El problema (y el motor de la comedia) es que Nick está recién casado con Bianca Russell Arden (Cyd Charisse), y el regreso de Ellen convierte el hogar familiar en un campo minado emocional y legal: ¿cómo explicar lo inexplicable sin dinamitar el nuevo matrimonio, sin herir a los niños y sin provocar un escándalo? Con ese punto de partida —muy en la línea de la screwball clásica—, la historia juega a la tensión entre el “deber ser” y los sentimientos que nunca se cerraron del todo.

A partir de ahí, la película se apoya en equívocos, silencios estratégicos y situaciones de alta incomodidad cómica: Ellen quiere recuperar su lugar, Nick intenta sostener dos realidades incompatibles y Bianca percibe que algo no encaja aunque no sepa exactamente qué. Y aquí va el dato clave “contrastado” que a menudo se simplifica en fichas: no existió estreno comercial en 1962 (la producción quedó interrumpida), y la primera presentación pública relevante de una reconstrucción editada de 37 minutos se anunció y emitió en televisión el 1 de junio de 2001 en AMC, dentro del documental Marilyn Monroe: The Final Days.