"Un clásico lleno de humor negro, violencia y mito fronterizo, con Paul Newman en un papel inolvidable"

Cuando John Huston decidió filmar El juez de la horca en 1972, el western clásico ya había mutado: el género se había vuelto más duro, irónico y consciente del paso del tiempo. Este film, a medio camino entre la leyenda y la sátira, fue su respuesta: una reflexión tan divertida como amarga sobre la construcción del mito del Oeste, llevada a cabo con un estilo vibrante y profundamente humano. La película toma como base la figura real —y al mismo tiempo casi inventada— de Roy Bean, un personaje que se erigió juez por voluntad propia y administró justicia con más pasión que legalidad.

El film se desarrolla como una larga balada fronteriza, llena de anécdotas, personajes extravagantes y situaciones que oscilan entre la comedia negra y la tragedia. Huston convierte a Bean en un símbolo de ese sueño fundacional estadounidense, tan caótico como deslumbrante, donde la ley era una mezcla de supervivencia y pura teatralidad. Paul Newman, en uno de los papeles más carismáticos de su carrera, aporta profundidad, ironía y una energía que sostiene toda la narración.

El espectador se encuentra así ante un western que no busca reproducir un pasado preciso, sino capturar la esencia de una época hecha de exageraciones, saqueos, romanticismo y violencia ritualizada. Un cuento moral envuelto en una ambientación polvorienta y en una música inolvidable, que desde su estreno se convirtió en referencia del western crepuscular.