Estrenada oficialmente el 15 de octubre de 1940 en Nueva York, El Gran Dictador marcó un antes y un después tanto en la carrera de Charles Chaplin como en la historia del cine sonoro. Fue la primera película hablada del creador de Charlot y, al mismo tiempo, una de las primeras grandes producciones de Hollywood en denunciar abiertamente al nazismo cuando Estados Unidos aún no había entrado en la Segunda Guerra Mundial. Su valentía temática, unida a su brillante construcción cinematográfica, la convirtió de inmediato en una obra de enorme repercusión internacional.
Chaplin asumió un triple rol como director, guionista y protagonista, interpretando además un doble personaje: el barbero judío perseguido por el régimen y el tirano Adenoid Hynkel, una caricatura directa de Adolf Hitler. La semejanza física entre ambos —bigote incluido— fue el punto de partida para una sátira feroz que combinaba humor visual heredado del cine mudo con largos discursos de una carga política inusitada para la época. El resultado fue una película tan arriesgada como influyente.
Considerada hoy una de las cumbres del cine clásico, El Gran Dictador no solo destacó por su osadía ideológica, sino también por su innovador equilibrio entre comedia, drama y alegato humanista. Su célebre discurso final, convertido en uno de los monólogos más recordados de la historia del séptimo arte, consolidó la película como un manifiesto cinematográfico contra la intolerancia, elevándola más allá del entretenimiento para situarla en el terreno de la obra histórica y moral.
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