Estrenada en Estados Unidos el 10 de abril de 1957 (apertura en Los Ángeles; en New York City se anunció el 13 de abril), 12 hombres sin piedad sitúa su acción casi por completo en la sala de deliberación: doce jurados quedan aislados para decidir si el acusado (John Savoca) es culpable de asesinato, en un caso donde la sentencia puede ser irreversible si el veredicto es unánime.

Lo que parece un trámite se resquebraja cuando el Jurado nº 8 (Henry Fonda) pide tiempo para hablar y revisar, frente al criterio del presidente del jurado / Jurado nº 1 (Martin Balsam) y la presión del más combativo Jurado nº 3 (Lee J. Cobb). A partir de ahí, la deliberación se convierte en una investigación moral en miniatura: dudas razonables, contradicciones y la responsabilidad de condenar “sin mirar atrás”.

En el choque de temperamentos afloran el pragmatismo frío del Jurado nº 4 (E. G. Marshall), el resentimiento y los prejuicios del Jurado nº 10 (Ed Begley), la impaciencia del Jurado nº 7 (Jack Warden), la lucidez serena del Jurado nº 9 (Joseph Sweeney) y la mirada agradecida del Jurado nº 11 (George Voskovec): doce hombres, una habitación sofocante y una decisión que obliga a cada uno a retratarse.