"Ciudad perdida, aventura pulp y un cambio de era en la saga Weissmuller"
En plena posguerra, Tarzán y las amazonas se presenta como una pieza clave del Tarzán cinematográfico de Johnny Weissmuller, ya en su novena encarnación del Rey de la Selva, con una duración ajustada y ritmo de serial de matiné: 76 minutos de persecuciones, misterio arqueológico y exotismo de “mundo perdido”. Dirigida por Kurt Neumann y distribuida por RKO Radio Pictures, la película abraza el tono de aventura clásica con una puesta en escena funcional y una narración directa, diseñada para enganchar desde el primer rollo.
El gran titular para el aficionado a la serie es el relevo definitivo en el papel de Jane: Brenda Joyce debuta aquí como Jane (primera de sus cinco apariciones en el personaje) acompañada por Johnny Sheffield como Boy, lo que reequilibra la dinámica familiar y devuelve al relato ese contrapunto doméstico en mitad de la jungla. El resultado es una aventura de “cazatesoros” con subtexto de choque cultural y una amenaza muy humana: la codicia que suele acompañar a los exploradores cuando creen haber encontrado un mito.
Trama
Tarzán y Boy se topan con una misteriosa mujer que parece pertenecer a un pueblo aislado más allá de los caminos habituales de la selva. Poco después, el hallazgo de un objeto valioso actúa como pista involuntaria para un grupo de expedicionarios liderados por un aristócrata británico, convencidos de que existe una ciudad oculta vinculada a antiguas leyendas. Mientras tanto, Jane regresa tras colaborar en el esfuerzo bélico, y la aparente calma del hogar selvático se ve alterada por la llegada de la “ciencia” y la promesa de un descubrimiento extraordinario.
Cuando Tarzán se niega a guiar a los recién llegados, la expedición encuentra otro modo de avanzar, y el viaje hacia el valle secreto abre la puerta a un mundo gobernado por reglas propias: una sociedad de amazonas que protege su territorio y sus tesoros con disciplina férrea. A partir de ahí, la película levanta su conflicto central sin necesidad de giros truculentos: respeto frente a invasión, curiosidad frente a expolio, y la necesidad de Tarzán de actuar como mediador entre dos universos que no se entienden… pero que están condenados a encontrarse.
Anécdotas
- Cambio de Jane: tras la etapa de Maureen O’Sullivan y la ausencia del personaje en las dos películas anteriores, la producción anunció su posible regreso, pero finalmente Jane fue reinterpretada por Brenda Joyce, que se estrenó aquí en el papel.
- Tarzán “veterano”: Weissmuller afronta su novena aparición como Tarzán, ya con la seguridad icónica del personaje convertida en marca de la casa.
- Localizaciones de rodaje: parte del film se rodó en Baldwin Park, en el Los Angeles County Arboretum and Botanic Garden y en Lone Pine (California), escenarios muy reconocibles del cine de aventuras de estudio.
- Reutilización de rostros: Henry Stephenson ya había aparecido en la saga interpretando a otro aristócrata inglés en una entrega previa; y Barton MacLane repetiría más adelante como villano, aunque con otro personaje.
- Ajuste del “mapa” de Tarzán: desde esta película, la ubicación del hogar de Tarzán cambia respecto a entregas anteriores (sin explicación explícita), un detalle curioso para seguidores de continuidad.
Motivo final para verla
Porque es Tarzán en estado “pulp” puro: una aventura compacta y eficaz que mezcla mito arqueológico, ciudad perdida y choque cultural sin relleno, y que además marca un punto de inflexión en la saga (nuevo rostro de Jane, nuevas coordenadas narrativas) ideal para quien quiera ver cómo el cine de aventuras clásico se reinventaba sin perder su esencia.
6'2
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