"La inquietante obra de John Huston con Marlon Brando y Elizabeth Taylor, un clásico del sur profundo"
En el paisaje aparentemente ordenado de una base militar en el sur de los Estados Unidos, se desata una trama de deseos, traiciones, sombras y silencios que amenaza con romper el cascarón de la respetabilidad. Reflejos de un ojo dorado (1967), dirigida por John Huston, adapta la turbulenta novela de Carson McCullers y devuelve al cine un retrato poderoso —y poco común para su época— de la represión, la sexualidad oculta y el voyeurismo.
Hoy,recuperamos este film que desafía sus propias convenciones y que sigue resonando con fuerza más de cinco décadas después.
El esplendor de sus intérpretes —Marlon Brando y Elizabeth Taylor— y la valentía temática de Huston hacen de esta obra un hito de ambiciones formales y narrativas. La película se mueve en un territorio incómodo, en el que el deber, la masculinidad, el deseo y la mirada devoran a sus personajes. Una pieza para cinéfilos exigentes que ofrece una experiencia que trasciende el simple entretenimiento.
Trama
La historia se ambienta en un fuerte militar en Georgia, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El Mayor Weldon Penderton vive junto a su esposa Leonora, una belleza de carácter fuerte que, pese a su estatus, se siente cada vez más desencantada del matrimonio. Weldon, por su parte, carga con silencios y deseos no declarados, mientras su mujer se entrega a un romance con el Teniente-Coronel Morris Langdon. El joven soldado Williams, encargado de los establos, observa los movimientos de todos con una mezcla de fascinación y desasosiego.
Leonora, insatisfecha por la pasividad de su esposo, busca reafirmarse a través de su relación con Langdon; el ambiente férreo del cuartel contrasta con la intimidad secreta que crece entre los personajes. A su alrededor, Alison Langdon, esposa de Morris, vive encerrada en su neurosis, acompañada por el criado filipino Anacleto, cuya presencia añade una nota exótica y melancólica.
A medida que los silencios se prolongan y las miradas se cruzan, el deseo reprimido toma formas inquietantes. El soldado Williams se convierte en objeto de la atención oculta del Mayor Penderton. Las apariencias militares esconden humillaciones, agresividades contenidas y fantasmas de identidad. Finalmente, el impulso de violencia se desencadena, cumpliendo la advertencia inicial del film: el asesinato se consuma y la mirada dorada revela lo que se había negado a aceptar.
6'7
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