«John Frankenheimer y Burt Lancaster firman uno de los grandes clásicos antibelicistas del cine moderno»

Cuando el cine bélico parecía centrarse en grandes epopeyas militares y gestas heroicas, El tren (1964) irrumpió con una propuesta radicalmente distinta: una historia realista, casi documental, donde el patrimonio artístico de Europa se convierte en el bien más preciado en medio del caos de la Segunda Guerra Mundial. Dirigida por John Frankenheimer y protagonizada por un Burt Lancaster en plena madurez interpretativa, la cinta construye un relato de suspense con una precisión casi quirúrgica.

Ambientada en los últimos días de la ocupación nazi en Francia, la película combina acción física real —explosiones auténticas, maquinaria ferroviaria operativa, persecuciones sin dobles— con un discurso profundo sobre el valor del arte frente al horror. Su crudeza visual, su compromiso ético y la intensidad de su rodaje la han convertido en un título imprescindible del cine clásico.