Cuando se habla de películas que marcaron un antes y un después en la historia del cine, Cleopatra (1963) surge inevitablemente como una de las producciones más ambiciosas, costosas y turbulentas jamás realizadas. Con Elizabeth Taylor en el papel de la reina egipcia y bajo la dirección de Joseph L. Mankiewicz, esta superproducción convertida en mito no solo destacó por la magnitud de sus decorados y vestuarios, sino también por los escándalos, cambios creativos y excesos que acompañaron su complicado rodaje. Su leyenda ha crecido tanto como su despliegue visual, convirtiéndola en una película imprescindible dentro del cine clásico.
A pesar de los desafíos que casi destruyeron a su estudio, Cleopatra terminó siendo una obra de estética exuberante, actuaciones poderosas y una visión monumental sobre las fuerzas políticas y emocionales que movieron a la reina más célebre de la historia. Con el paso de las décadas, la película ha sido revalorizada como un espectáculo irrepetible y como una joya visual que sorprende por su escala y su dedicación artística.
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