"Aventura RKO con “caza mayor”, intriga y un pulso moral en la selva"
En Tarzán y la Cazadora (dir. Kurt Neumann), el rey de la jungla encarnado por Johnny Weissmuller se enfrenta a una expedición que llega con una coartada “civilizada”: reponer animales en zoológicos tras la escasez de la posguerra. Pero la selva no entiende de permisos burocráticos cuando el equilibrio se rompe, y la película convierte ese choque en un relato ágil de persecuciones, trampas, rescates y sabotajes, con el ritmo directo y funcional que caracterizó a los Tarzán de la etapa RKO.
Como pareja, Brenda Joyce aporta a Jane un tono sereno y cómplice, mientras el film se permite un giro poco habitual: una antagonista de alto voltaje, Tanya Rawlins (Patricia Morison), que mezcla glamour, determinación y ambigüedad moral. Es, además, una entrega especial dentro del ciclo: undécima interpretación de Weissmuller como Tarzán y una de las más vivaces de la recta final producida por Sol Lesser para RKO.
Trama
Una expedición autorizada por un gobernante local se interna en la selva para capturar parejas de animales con destino a zoológicos. La líder, Tanya Rawlins, cuenta con apoyo financiero y mano de obra endurecida; el operativo, sin embargo, empieza a tensarse cuando los métodos se vuelven más agresivos de lo prometido y el “negocio” amenaza con convertir la jungla en un almacén de jaulas.
Tarzán, Jane y Boy observan cómo la captura sistemática altera rutas, manadas y territorios, y reaccionan con una resistencia tan ingeniosa como física: vigilancia, incursiones nocturnas y liberaciones que humillan a quienes se creían dueños del terreno. Paralelamente, en el entorno del poder local se cuece una intriga interna que complica la situación y convierte lo que parecía una simple expedición en una crisis de consecuencias mayores.
Anécdotas
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El último “Boy”: Johnny Sheffield se despidió aquí del papel (su última aparición como Boy), ya con 16 años, porque el productor Sol Lesser consideró que había “crecido” para el personaje.
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Un crédito literario curioso: el guion cuenta con la participación acreditada de Leslie Charteris, creador de The Saint; se suele destacar como uno de los pocos trabajos de guion en Hollywood asociados a su nombre.
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Tarzán “marca Weissmuller”: esta fue la undécima vez que Weissmuller interpretó al personaje y una de las últimas antes de cerrar su etapa más icónica en el cine.
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Duración “pulp” perfecta: con alrededor de 72 minutos, va al grano y encadena set-pieces con mínima grasa narrativa.
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Villana poco habitual: Tanya Rawlins destaca dentro de la serie por colocar a una mujer al frente de la amenaza principal, con presencia de estrella y energía de serial de aventuras.
Motivo final para verla
Porque, sin ponerse solemne, propone un conflicto sorprendentemente vigente —la explotación “legal” de la naturaleza frente a su preservación— y lo resuelve con el empaque del cine de aventuras clásico: ritmo rápido, villanía carismática y grandes momentos de selva que culminan en un cierre diseñado para dejarte con una sonrisa de matiné.
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