Estrenada en Nueva York el 18 de noviembre de 1958, ¡Quiero vivir! sitúa el foco en Barbara Graham (Susan Hayward), una mujer marcada por la precariedad y los pequeños delitos que intenta abrirse paso en San Francisco y San Diego. Entre redadas, amistades peligrosas y decisiones impulsivas, Barbara alterna la supervivencia callejera con el deseo de “enderezar” su vida, apoyada —a ratos— por su amiga Peg (Virginia Vincent) y por la relación turbulenta con su marido Henry “Hank” Graham (Wesley Lau).
La aparente salida se rompe cuando reaparecen los vínculos con el hampa: el ladrón Emmett Perkins (Philip Coolidge) y sus socios Jack Santo (Lou Krugman) y Bruce King (James Philbrook) la arrastran a un entorno donde cualquier paso en falso se paga caro. En ese clima de presión, la atención pública crece y entra en escena el periodista Ed Montgomery (Simon Oakland), cuya mirada —a medio camino entre el juicio moral y la curiosidad profesional— amplifica el caso y convierte la vida de Barbara en un campo de batalla entre titulares, versiones y sospechas.
A partir de ahí, la película se convierte en un relato de acusación y asedio psicológico: el proceso legal y el “relato” mediático avanzan en paralelo, mientras Barbara intenta sostener su versión frente a una maquinaria que parece ya tener veredicto. En su defensa aparecen el abogado Al Matthews (Joe De Santis) y el psicólogo Carl Palmberg (Theodore Bikel), figuras clave para entender cómo el film construye tensión sin necesidad de giros efectistas: la duda, el desgaste y la soledad se vuelven el auténtico suspense, y la pregunta central no es “qué pasará”, sino cuánto pesa el pasado cuando el sistema decide quién eres.
7'5
Compartir