"La comedia dramática en tiempos de guerra que no puedes dejar de ver"

En el escenario convulso de los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial, apareció en pantalla una obra que mezcla comedia, drama, romance y un mensaje antibélico poco habitual en su momento: La delicia de los idiotas (1939). Con dos de las grandes estrellas del Hollywood clásico —Clark Gable y Norma Shearer— al frente del reparto, el filme aborda desde un tono aparentemente ligero lo que muchos evitaban: la posibilidad de un conflicto global y sus consecuencias humanas.

Para los amantes del cine clásico, esta película constituye un puente entre el star system de la MGM de los años treinta y la urgencia dramática de la era de guerra.

Trama

En la primera parte de la película, conocemos a Harry Van, un veterano de la Primera Guerra Mundial que ha tratado de recuperar su vida como artista de variedades. Él trabaja con una danzarina en un acto de telepatía y magia ligera, y en ese mundo conoce a Irene, una trapecista que asegura haber huido de Rusia y presenta un aire enigmático. Surge entre ellos una rápida conexión, aunque él se mantiene escéptico ante sus relatos.

Veinte años después, Harry lidera un espectáculo de variedades conocido como “Les Blondes”, que está de gira por Europa. El grupo se encuentra en tránsito en una región alpina y queda hospedado en un lujoso hotel de un país ficticio, mientras los rumores de guerra comienzan a crecer. Allí reaparece Irene, ahora transformada: rubia, sofisticada, aparentemente ligada a un poderoso barón del comercio de armas, Achille Weber. Harry no la reconoce de inmediato, y su regreso provoca tensión entre recuerdos, identidades falsas y la inminente catástrofe.

El clima se hace más tenso cuando se revela que el hotel se encuentra cerca de un aeródromo militar, con aviones que despegan y una frontera a punto de cerrarse. Mientras los personajes conviven —el científico alemán Waldersee, el pacifista Quillery, el aristócrata Weber y otros— el telón de fondo de la guerra se impone. Al final, la película combina romance, suspenso y un mensaje sobre la futilidad de los conflictos armados, cerrando con un tono ambiguo que deja al espectador reflexionando sobre la ironía del “placer de los idiotas” ante la locura colectiva.