En plena década de los treinta, Warner Bros. estrenó una de sus películas más incómodas y necesarias: La Legión Negra (Black Legion, 1937), un drama criminal con pulso de cine negro dirigido por Archie Mayo que se atreve a mirar de frente el fanatismo organizado, la violencia de grupo y la facilidad con la que una frustración personal puede transformarse en terrorismo doméstico. La historia se inspira en hechos reales vinculados a la Black Legion activa en Michigan y el asesinato de Charles Poole (1935), y lo hace con un tono casi periodístico: directo, áspero y sin romanticismos.

La película es también una pieza clave en la evolución de Humphrey Bogart: aquí interpreta a un hombre corriente que, tras sentirse humillado y desplazado, se deja seducir por una fraternidad encapuchada que promete “orden” a cambio de odio. Ese descenso moral —remarcado por la puesta en escena y el ritmo implacable— es precisamente lo que varias referencias cinéfilas destacan como su mayor virtud: no presenta monstruos “de otro planeta”, sino un entorno social que normaliza la intimidación hasta hacerla inevitable. En esa misma línea, el reconocimiento crítico de la época y su posterior revalorización suelen subrayar la potencia del mensaje y la crudeza del retrato colectivo.

En cuanto a datos verificables, su fecha exacta de estreno en Estados Unidos fue el 30 de enero de 1937, según el AFI Catalog, aunque hubo pases/estrenos previos en enero (incluyendo lanzamientos limitados y exhibiciones en grandes ciudades reflejadas en otras bases de datos). Ese detalle no es menor: La Legión Negra aparece cuando Hollywood empezaba a posicionarse —todavía con cautelas— frente a movimientos extremistas, y lo hace desde el “estilo Warner”: cine social, tensión dramática y un propósito claro de advertencia. Además, el film dejó huella en la temporada de premios: la historia original de Robert Lord fue nominada al Oscar, y la película fue reconocida por organizaciones críticas de la época.