Walter Slezak
Lugar de nacimiento: Viena, Austria Cumpleaños: 03 May 1902 Biografía:Walter Slezak nació el 3 de mayo de 1902 en Viena (entonces parte del Imperio austrohúngaro) y se convirtió en uno de esos actores “de carácter” capaces de elevar cualquier película con una mezcla muy suya de ironía, elocuencia y presencia inquietante. Hijo del célebre tenor Leo Slezak, Walter empezó trabajando en el cine europeo y, ya en los años treinta, dio el salto a Estados Unidos, donde su acento y su físico le abrieron la puerta a papeles de extranjero astuto, villano sofisticado o superviviente ambiguo. Falleció el 21 de abril de 1983 en Flower Hill (Nueva York), dejando una carrera extensa que abarca cine, televisión y teatro, y también un legado familiar notable: su hija Erika Slezak sería una figura muy reconocida de la televisión estadounidense.
En el cine clásico, su nombre queda asociado sobre todo a personajes de doble filo, educados pero peligrosos, y su papel más recordado es el del capitán alemán en “Náufragos” (1944), dirigido por Alfred Hitchcock, donde su aparente calma se convierte en una amenaza constante. También brilló en el cine negro de posguerra con títulos fundamentales como “Venganza” (1945) —un thriller de atmósfera tensa— y “Nacido para matar” (1947), donde vuelve a demostrar ese talento para sugerir corrupción moral sin necesidad de grandes gestos. En el terreno de la aventura y el cine popular, destaca en “Simbad el marino” (1947), mientras que en registros más ligeros mostró su vena cómica en “El inspector general” (1949), confirmando que no era solo “el villano extranjero”, sino un intérprete muy versátil.
Ya en los años sesenta, su carrera se consolidó con personajes secundarios memorables en producciones de gran difusión, como “Cuando llegue septiembre” (1961), donde su timing cómico y su elegancia de mayordomo pícaro se ganan al público sin esfuerzo. A esa etapa pertenece también “El maravilloso mundo de los hermanos Grimm” (1962), una superproducción de fantasía que lo integró en el Hollywood más familiar, demostrando que su carisma funcionaba igual de bien fuera del noir. En conjunto, Slezak es un actor imprescindible para el aficionado al cine clásico: no siempre encabezaba los carteles, pero cuando aparecía, la escena cambiaba de temperatura—y esa es una de las señales más claras de un gran secundario.