Victor McLaglen
Lugar de nacimiento: Stepney (Londres Este, Inglaterra) Cumpleaños: Biografía:Victor McLaglen nació el 10 de diciembre de 1886 en Stepney (Londres Este, Inglaterra) y murió el 7 de noviembre de 1959 en Newport Beach (California). Antes de convertirse en actor fue boxeador profesional, y esa presencia física —robusta, directa, a menudo imponente— marcó su estilo en pantalla: un intérprete ideal para personajes de temperamento volcánico, autoridades rudas o camaradas tan leales como peligrosos. En Hollywood se consolidó como un rostro inconfundible del cine de aventuras y, sobre todo, como uno de los grandes “hombres de compañía” del director John Ford, con quien formó una alianza creativa decisiva: McLaglen aportaba músculo, humor y una humanidad áspera que equilibraba a la perfección la épica y el costumbrismo fordiano.
Su consagración llegó con El delator (1935), donde firmó una de las interpretaciones más intensas del cine de los años 30 y por la que ganó el Óscar al Mejor Actor. Ese éxito fijó su imagen como especialista en personajes desgarrados por la culpa, la contradicción moral y el peso de la comunidad, rasgos que volverían a aparecer en títulos clave de su carrera. A partir de ahí alternó protagonismos con papeles de carácter, siempre con una energía particular: podía ser intimidante y entrañable en el mismo plano. Dentro del cine clásico, su filmografía funciona como un mapa de la aventura “a la antigua” y del drama popular, con un pie en la acción y otro en el retrato humano.
Entre sus películas más importantes (títulos en español) destacan La patrulla perdida (1934), una pieza bélica y claustrofóbica donde la tensión nace del desgaste psicológico; Gunga Din (1939), clásico de aventuras de enorme popularidad; La legión invencible (1949) y Río Grande (1950), dos westerns fundamentales del universo de Ford; y, por supuesto, El hombre tranquilo (1952), donde compone a un antagonista memorable y fue nominado al Óscar como Mejor Actor de Reparto. Si buscas a McLaglen en su esencia, ahí está: fuerza bruta con corazón, un actor que llenaba la pantalla sin necesidad de sofisticación y que, película a película, ayudó a definir el carácter de una era del cine en la que el carisma era un género en sí mismo.