Sterling Holloway

Sterling Holloway

Lugar de nacimiento: Cedartown, Georgia (EE. UU.) Cumpleaños: 14 January 1905 Biografía:

Sterling Holloway (Sterling Price Holloway Jr.) nació en Cedartown, Georgia (EE. UU.); sobre su fecha exacta de nacimiento circulan dos datos (4 y 14 de enero de 1905), pero la documentación primaria citada en biografías de referencia (registro de nacimiento y tarjeta de reclutamiento) respalda el 14 de enero de 1905 como fecha correcta. Falleció el 22 de noviembre de 1992 en Los Ángeles, California. Actor de carácter, cantante y comediante de voz inconfundible —aguda, nasal y cálida a la vez—, trabajó durante décadas en cine, radio y televisión, especializado en secundarios memorables: nerviosos, excéntricos, verborréicos o entrañablemente despistados.

Antes de convertirse en una leyenda del doblaje original, Holloway acumuló una larguísima carrera en el Hollywood clásico con apariciones en comedias, musicales y dramas, casi siempre como “ese secundario” que roba plano con una frase o un gesto. Fue parte de esa generación de actores todoterreno que enlazaban Broadway, el cine sonoro y la radio, y que daban personalidad a las películas desde los márgenes: recepcionistas, empleados, reporteros, vecinos, dependientes o tipos raros que aportaban ritmo y humor. Aunque su filmografía en imagen real es enorme, su fama terminó concentrándose en el terreno donde su instrumento más valioso —la voz— podía brillar sin límites.

Su consagración definitiva llegó como actor de voz en los clásicos animados de Disney, donde interpretó personajes que siguen vivos en la memoria colectiva. Entre sus títulos más importantes (en español) destacan Dumbo (la cigüeña), Bambi (la flor “adulta”), Alicia en el país de las maravillas (el Gato de Cheshire), El libro de la selva (la serpiente Kaa), Los aristogatos (el ratón Roquefort) y, sobre todo, Las aventuras de Winnie the Pooh (como Winnie the Pooh, su papel más icónico). Esa combinación de fragilidad, humor y musicalidad convirtió a Holloway en una firma sonora: basta oír un par de palabras para reconocerlo, y por eso su legado no es solo una lista de créditos, sino una huella emocional en el cine familiar del siglo XX.