Robert Vaughn

Robert Vaughn

Lugar de nacimiento: Nueva York, Estados Unidos Cumpleaños: 22 November 1932 Biografía:

Robert Vaughn nació el 22 de noviembre de 1932 en Nueva York (Nueva York, Estados Unidos) y se convirtió en uno de esos actores “de precisión” que elevaban cualquier producción con solo entrar en plano. Tras formarse con una sólida base académica, empezó a destacar muy pronto en cine y televisión gracias a su elegancia natural, su dicción impecable y esa mezcla de frialdad e ironía que lo hacía perfecto para personajes ambiguos: tipos refinados, abogados con doble fondo, políticos calculadores o villanos de traje impecable. Su consagración popular llegó en la pequeña pantalla como Napoleón Solo en la serie El agente de C.I.P.O.L., un fenómeno de los años 60 que definió el estilo del espionaje televisivo de la época.

En el cine, Vaughn dejó títulos clave (en títulos en español) que explican por qué su filmografía es tan valorada por los amantes del clásico. Fue uno de los pistoleros más memorables de Los siete magníficos (1960), apareció en el thriller urbano Bullitt (1968) y participó en el gran cine de catástrofes con El coloso en llamas (1974). También alcanzó al gran público en los años 80 con Superman III (1983), demostrando su versatilidad para moverse entre el drama, la acción y el entretenimiento masivo sin perder su sello. Pero si hay un hito que subraya su prestigio interpretativo, es su nominación al Óscar a Mejor Actor de Reparto por La ciudad frente a mí (1959), un reconocimiento que certificó su estatus dentro del Hollywood serio.

Su carrera, que se extendió durante décadas, estuvo marcada por una cualidad poco común: Vaughn podía ser protagonista o secundario y, aun así, dejar la sensación de que “algo importante” ocurría cuando hablaba. Esa autoridad contenida le permitió encarnar tanto héroes sobrios como antagonistas sofisticados, y por eso su presencia se repite en películas esenciales del cine popular estadounidense. Robert Vaughn falleció el 11 de noviembre de 2016, pero su legado sigue vivo precisamente en esas interpretaciones donde el carisma no depende del volumen, sino del control: una mirada medida, una pausa exacta y una elegancia que hoy resulta casi imposible de imitar.