Robert Mulligan

Robert Mulligan

Lugar de nacimiento: Bronx, Nueva York, Estados Unidos Cumpleaños: 23 August 1925 Biografía:

Robert Patrick Mulligan nació el 23 de agosto de 1925 en el Bronx (Nueva York, EE. UU.) y desarrolló una carrera marcada por un estilo sobrio y muy centrado en los personajes. Tras servir en los Marines durante la Segunda Guerra Mundial y estudiar en Fordham University, empezó en televisión desde abajo —como mensajero en CBS— hasta convertirse en uno de los realizadores más sólidos del drama televisivo en directo de los años 50. Antes de consolidarse en el cine, ya había firmado trabajos de prestigio en la pequeña pantalla y llegó a ganar un Emmy por la dirección del telefilme The Moon and Sixpence, célebre también por contar con Laurence Olivier.

Su salto definitivo al largometraje se asocia a un cine de emociones contenidas y conflictos morales, con una puesta en escena elegante y “sin alardes”. Su película más emblemática es Matar a un ruiseñor (1962), considerada una de las grandes obras del cine clásico estadounidense y el título que mejor resume su capacidad para dirigir interpretaciones y crear humanidad en cada escena. A partir de ahí firmó una filmografía muy representativa del gran Hollywood dramático: Verano del 42 (1971), una historia de iniciación de enorme impacto popular; El otro (1972), inquietante y atmosférica; y El año que viene a la misma hora (1978), comedia dramática romántica que se apoyó en la fuerza del diálogo y la evolución emocional de sus protagonistas.

En su tramo final, Mulligan siguió demostrando sensibilidad para el retrato íntimo con películas como La noche de los gigantes (también conocida como La noche de la emboscada, 1968), y cerró su carrera con un título muy querido por su tono delicado: Verano en Louisiana (1991), también difundida en algunos mercados como Pregúntale al Sr. Luna. En conjunto, su legado se resume en una cualidad poco frecuente: contar grandes conflictos (ética, culpa, amor, madurez) desde lo cotidiano, con una dirección que prioriza el rostro del actor y el matiz emocional por encima del espectáculo. Por eso, aunque no siempre se le encuadre entre los autores “ruidosos”, Robert Mulligan sigue siendo una firma esencial para quien busque cine clásico con corazón y precisión narrativa.