Richard Brooks

Richard Brooks

Lugar de nacimiento: Filadelfia, Pensilvania (Estados Unidos) Cumpleaños: 18 May 1912 Biografía:

Richard Brooks (nacido Reuben Sax en Filadelfia, Pensilvania, el 18 de mayo de 1912) fue uno de esos cineastas del Hollywood clásico que parecían escribir y dirigir con el pulso de un reportero: directo, incómodo cuando hacía falta y siempre atento a los conflictos morales de sus personajes. Antes de consolidarse como director, trabajó como periodista y guionista, y esa mirada “de calle” se nota en su cine: historias de ambición, violencia, hipocresía social y culpa, contadas con una puesta en escena sobria pero muy intensa. Murió el 11 de marzo de 1992 en Beverly Hills (Los Ángeles), California, dejando una filmografía que, vista en conjunto, funciona como un retrato áspero y brillante de la América de mediados del siglo XX.

Su nombre está ligado a varios títulos imprescindibles del cine clásico, casi siempre adaptaciones literarias o teatrales que Brooks convertía en cine de nervio y carácter. En los años 50 firmó Semilla de maldad (1955), uno de los grandes dramas sociales de la época; y en 1958 dirigió dos obras clave: Los hermanos Karamázov (1958), ambiciosa adaptación de Dostoievski, y La gata sobre el tejado de zinc (1958), donde el conflicto emocional se vuelve puro voltaje. En los 60 alcanzó una de sus cimas con El fuego y la palabra (1960) —famosa por su mordacidad y su crítica a la impostura moral— y con Dulce pájaro de juventud (1962), otro golpe de realidad y deseo. También dejó su marca en el western crepuscular con Los profesionales (1966), que combina aventura y cinismo con enorme eficacia.

La etapa final de Brooks confirma su versatilidad y su talento para tensar la cuerda ética de cada historia: Lord Jim (1965) explora honor y cobardía como pocas, mientras que A sangre fría (1967) es una de las grandes adaptaciones criminales del cine, seca, inquietante y sorprendentemente moderna en su tono. Ya en los 70, Buscando al señor Goodbar (1977) reforzó su fama de director incisivo, capaz de mirar de frente la oscuridad bajo la vida cotidiana. En conjunto, sus películas más importantes no solo destacan por sus interpretaciones y su escritura, sino por algo muy Brooks: la sensación de que, detrás del espectáculo, siempre se está juzgando a una sociedad y a sus máscaras.