Morris Ankrum
Lugar de nacimiento: Danville (Illinois, Estados Unidos) Cumpleaños: Biografía:Morris Ankrum (nombre completo Morris Winslow Ankrum) fue uno de esos “rostros imprescindibles” del Hollywood clásico: un actor de reparto especializado en figuras de autoridad —jueces, generales, médicos, senadores o científicos— con una presencia sobria y una dicción impecable. Nació en Danville (Illinois, Estados Unidos) el 28 de agosto de 1897 y desarrolló una larguísima carrera entre cine, radio y televisión, especialmente intensa desde los años 40 hasta bien entrados los 60; falleció en Pasadena (California) el 2 de septiembre de 1964. Su trayectoria es también singular por su pasado académico: varias semblanzas biográficas coinciden en que antes de consolidarse como intérprete trabajó en ámbitos como el derecho y la docencia, algo que encaja a la perfección con el tipo de personajes serios y “institucionales” que acabó encarnando en pantalla.
Si hubiera que resumir su aportación al cine clásico, diríamos que Ankrum fue un gran estabilizador dramático: el actor al que se recurre para dar credibilidad a un tribunal, a un despacho militar o a un laboratorio. Entre sus títulos más recordados (en títulos en español), destaca su presencia en el cine negro En un lugar solitario (1950), donde aparece como parte del entorno que rodea al protagonista, y su peso en la ciencia ficción de los 50 con La Tierra contra los platillos volantes (1956) —en el papel de un alto mando militar— y Cohete a la Luna (1950), una de las pioneras de la aventura espacial de posguerra. También participó en Invasores de Marte (1953), otro clásico del fantástico de la década, manteniendo ese sello suyo: autoridad, temple y una cierta gravedad que elevaba el material.
Además de esos títulos de género (donde su rostro se volvió inconfundible), su filmografía incluye producciones muy populares del gran estudio, y por eso aparece citado con frecuencia en listados de “clásicos” en los que aportaba empaque aunque su papel fuese secundario. En ese recorrido suelen mencionarse El manantial (1949), Las chicas de Harvey (1946) y El cartero siempre llama dos veces (1946) como parte de ese Hollywood de prestigio y alto voltaje narrativo en el que Ankrum funcionaba como un secundario de lujo. Visto en conjunto, su importancia no depende de un único papel protagonista, sino de algo más valioso y raro: fue un actor que, película tras película, hacía que el mundo mostrado en pantalla pareciera real.