Jean Arthur
Lugar de nacimiento: Plattsburgh, Nueva York (EE. UU.) Cumpleaños: Biografía:Jean Arthur (nombre real Gladys Georgianna Greene) nació el 17 de octubre de 1900 en Plattsburgh, Nueva York (EE. UU.). Tras abrirse camino desde el cine mudo, se convirtió en una de las grandes actrices del Hollywood clásico gracias a una mezcla muy particular de inteligencia interpretativa, vulnerabilidad y carácter: podía ser romántica sin caer en lo blandengue y cómica sin perder humanidad. A menudo descrita como una reina de la “screwball comedy”, también destacó en dramas y relatos de tono más sombrío; su carrera quedó marcada por una relación ambivalente con la fama (era famosa por su timidez y por alejarse de los focos), lo que contribuyó a su aura de estrella “diferente” dentro del sistema de estudios.
Su etapa más celebrada llegó en los años 30 y 40, con títulos hoy imprescindibles del cine clásico (en títulos en español) como El secreto de vivir (1936), Vive como quieras (1938) y Caballero sin espada (1939), tres películas asociadas a la sensibilidad popular y moral de la época y que consolidaron su imagen de heroína moderna, rápida de mente y de reacción emocional honesta. A esa cima se suman otros clásicos donde su presencia eleva el conjunto: Sólo los ángeles tienen alas (1939), donde brilla en un entorno más dramático, y dos comedias de madurez interpretativa ya en plena guerra: El asunto del día (1942) y El amor llamó dos veces (1943), que la muestran dominando el ritmo verbal y el juego romántico con una naturalidad extraordinaria.
Ya en los años 50, su filmografía se cierra con un título que la conectó con una nueva generación de espectadores: Raíces profundas (1953), un hito del western en el que su registro se vuelve más contenido y melancólico, como si su propia imagen de estrella hubiera madurado hacia otra clase de emoción. Aunque trabajó menos de lo que su talento permitía, su legado es enorme: Jean Arthur encarna como pocas el ideal de la mujer protagonista del Hollywood clásico—decidida, irónica, sensible y compleja—y su mejor cine sigue funcionando hoy con una frescura asombrosa, especialmente en esas comedias donde cada pausa y cada mirada cuentan tanto como el diálogo.