Gig Young
Lugar de nacimiento: St. Cloud, Minnesota (EE. UU.) Cumpleaños: 04 November 1913 Biografía:Gig Young (nombre real Byron Elsworth Barr) nació el 4 de noviembre de 1913 en St. Cloud, Minnesota (EE. UU.). Criado en Washington D. C., se formó como actor antes de llegar a Hollywood y hacerse un hueco en el sistema de estudios con un perfil muy reconocible: el del hombre elegante, encantador y a menudo irónico, perfecto para personajes de “buen tipo” con sombras. Su nombre artístico surgió cuando interpretó a un personaje llamado “Gig Young” y el estudio decidió convertirlo en su identidad definitiva, algo que encaja con la imagen pública que proyectó durante décadas: carisma tranquilo, sonrisa fácil y una intensidad más amarga de lo que aparentaba.
Su filmografía es amplia y muy representativa del Hollywood clásico de posguerra, con títulos donde brilló especialmente en papeles de reparto con peso dramático. Entre sus películas más importantes (títulos en español) suelen destacarse “Siempre tú y yo”, “Horas desesperadas”, “Su otra esposa”, “Veneno implacable”, “Enséñame a querer”, “Mi marido se divierte”, “Suave como visón” y “Un abismo entre los dos”, además de su etapa posterior con trabajos de mayor aspereza como “Quiero la cabeza de Alfredo García”, “Los aristócratas del crimen” y “Hindenburg”. Esa variedad explica por qué Young fue mucho más que un secundario de lujo: supo moverse entre el drama adulto, la comedia sofisticada y el thriller, siempre con una naturalidad que elevaba cualquier escena.
El reconocimiento mayor le llegó por la vía de los premios: fue nominado al Óscar como actor de reparto por “Veneno implacable” y “Enséñame a querer”, y finalmente lo ganó por They Shoot Horses, Don’t They?, conocida en España como “Danzad, danzad, malditos” (y en Hispanoamérica como “Baile de ilusiones”), donde firmó una interpretación amarga e inolvidable. Su vida terminó trágicamente el 19 de octubre de 1978 en Nueva York, una conclusión oscura para un actor asociado al encanto, pero que en pantalla supo revelar, como pocos, la grieta detrás de la sonrisa.