George Sanders

George Sanders

Lugar de nacimiento: San Petersburgo (entonces Imperio ruso) Cumpleaños: 03 July 1906 Biografía:

George Sanders (George Henry Sanders) nació el 3 de julio de 1906 en San Petersburgo (entonces Imperio ruso), hijo de padres británicos, y terminó convirtiéndose en uno de los rostros más inconfundibles del Hollywood clásico gracias a su dicción aristocrática, ironía natural y presencia elegante. Tras abandonar Rusia con su familia en la infancia, construyó una carrera marcada por personajes sofisticados —a menudo ambiguos o directamente villanos— que parecían sonreír mientras clavaban el aguijón. Su estilo, siempre afilado y contenido, lo hizo imprescindible en la edad dorada del cine de estudio, especialmente en thrillers, melodramas y cine de aventuras.

Su filmografía reúne varios títulos esenciales (en títulos en español) donde dejó interpretaciones muy recordadas: “Rebeca” (1940), como el inquietante Jack Favell; “Corresponsal extranjero” (1940), en un registro menos habitual en él; y “El retrato de Dorian Gray” (1945), aportando cinismo y refinamiento en un clásico de atmósfera gótica. También brilló en grandes producciones populares como “Sansón y Dalila” (1949) y el cine de aventuras de época con “Ivanhoe” (1952). Su coronación como actor llegó con “Eva al desnudo” (1950), donde encarnó al crítico Addison DeWitt y ganó el Óscar al Mejor Actor de Reparto, un premio que hoy parece inseparable de ese papel por su precisión venenosa y su humor implacable.

En los años posteriores alternó cine y televisión con la misma soltura, y amplió su registro participando en ciencia ficción como “De la Tierra a la Luna” (1958). Ya en la madurez, su voz y su aura distinguida encontraron un icono inesperado cuando puso la voz original a Shere Khan en “El libro de la selva” (1967), demostrando que su elegancia también podía ser pura amenaza. Sanders murió el 25 de abril de 1972 en Castelldefels (Barcelona, España), cerrando una trayectoria larga y singular: la de un actor que convirtió la sofisticación en un arma dramática, y que sigue siendo una referencia absoluta para entender el “villano encantador” —y, a veces, el moralista despiadado— del cine clásico.