Donna Reed
Lugar de nacimiento: Denison, Iowa (Estados Unidos) Cumpleaños: 27 January 1921 Biografía:Donna Reed nació el 27 de enero de 1921 en Denison, Iowa (Estados Unidos), en un entorno rural del Medio Oeste que marcaría para siempre la imagen pública de “chica americana” que Hollywood potenció durante décadas. Tras mudarse a California para estudiar, fue descubierta en los años cuarenta y se convirtió en una presencia habitual del cine clásico gracias a una mezcla muy poco común de calidez, naturalidad y firmeza dramática: podía encarnar tanto la ternura cotidiana como una dignidad silenciosa que sostenía la escena sin necesidad de grandes gestos. Esa cualidad —aparentemente sencilla, en realidad muy difícil de lograr— explica por qué Reed se mantuvo vigente durante más de cuarenta años entre cine y televisión.
En cine, su título más universal es ¡Qué bello es vivir! (1946), donde interpreta a Mary, uno de los grandes personajes del clasicismo por su humanidad y su fuerza moral; es una actuación que ha quedado asociada para siempre a la memoria del espectador. A esa popularidad se suma su trabajo en De aquí a la eternidad (1953), película por la que ganó el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto (premios correspondientes a la ceremonia de 1954), demostrando que podía romper con el encasillamiento de “esposa perfecta” con un papel más duro y arriesgado. Y, como pieza clave de su filmografía de estudio, destaca su presencia en El retrato de Dorian Gray (1945), una de las adaptaciones más celebradas del clásico de Oscar Wilde, donde su participación la vincula al Hollywood gótico y sofisticado de la Metro de mediados de los cuarenta.
Su carrera también incluye títulos que amplían la idea que se suele tener de ella: por ejemplo, aparece en el cine bélico de prestigio con No eran imprescindibles (1945), dirigida por John Ford, y se acerca al thriller con Trágica información (1952), recordada por su tono áspero y periodístico. Pero si hay una obra que consolidó su relación con el gran público durante años, esa fue la televisión: El show de Donna Reed se convirtió en un fenómeno y reforzó su estatus de icono cultural, al tiempo que la actriz controlaba con inteligencia su imagen y su carrera. Vista en conjunto, Reed no fue solo un “rostro amable” del Hollywood clásico: fue una intérprete versátil que supo atravesar géneros, épocas y formatos sin perder autenticidad.