CINE: Las 10 mejores películas de 2023 (1ª parte de 2)

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CINE:

Las 10 mejores películas de 2023

(1ª parte de 2)

por GERARDO CREMER

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Primera parte:

En esta primera parte se consignan las películas situadas entre la 10ª y la 6ª posición: ‘Almas en pena en Inisherin’, ‘Anatomía de una caída’, ‘El caftán azul’, ‘Spider-man: cruzando el multiverso’ y ‘Cerrar los ojos’.

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En la segunda y última parte se destacan las películas ‘Fallen leaves’, ‘Los asesinos de la luna’, ‘Vidas pasadas’, ‘Los Fabelman’ y la número 1, ‘La belleza y el dolor’ de Laura Poitras.

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2023 ha terminado siendo un año productivo en el sentido crematístico, aunque aún estemos en espera de los datos definitivos de ingresos correspondientes al segundo semestre del año. Aún lejos de la recaudación mundial alcanzada en pre-pandemia, la recuperación de ventas respecto a 2022 se espera superior al 20 %.

‘Barbie’, ‘Super Mario Bros: La película’ y ‘Oppenheimer’ se han coronado como las tres películas más vistas en 2023, convirtiéndose, la primera de ellas, en un verdadero fenómeno social.

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2023 ha sido el año de la consolidación de la cultura “woke” (más de la mitad de las películas seleccionadas en la siguiente lista tienen conexiones con lo woke), estableciendo una especie de dictadura de la corrección política y cambiando la propia fisonomía del cine, hasta alcanzar momentos de inverosimilitud narrativa por el solo hecho de potenciar el feminismo y la diversidad. Aunque hay que dar gracias a la directora Greta Gerwig por tomárselo con humor en la paródica ‘Barbie’.

De la lista con las diez mejores películas he tenido que descartar ‘Babylon’, una obra desbordante y valiente, aunque quizá fuera de “época”.

La lista va desde la décima a la primera, en orden inverso.

Número 10: ‘Almas en pena en Inisherin’, de Martin MacDonagh (Reino Unido)

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Híbrido entre el presente y el pasado, idílico en su belleza, donde el tiempo ha dejado de correr, con la presencia permanente de la iglesia, surcado por los rumores constantes de los habitantes del pueblo y cargado de personajes arquetípicos, el pueblo de Inisherin tiene muchas semejanzas con el Innisfree de ‘El hombre tranquilo’ (1951). Se podría decir que ambos pueblos imaginarios de Irlanda están sumergidos en una bruma que les ha apartado del resto del mundo y les impide evadirse de esa existencia que no tiene conexión con el progreso y que propugna dos maneras de pensar: aquella que disfruta de la armonía de la naturaleza, de las costumbres populares y de las conversaciones en la taberna (el caso del simplón Pádraic, papel asumido por Colin Farrell), y aquella que desea romper con ese ciclo involutivo, bien tratando de huir del lugar, abandonando con dolor las cautivadoras tierras y a todos aquellos que les son próximos (el caso de su ilustrada hermana Siobhán, Kerry Condon en el único papel femenino de la película), o bien aislándose de aquellos a quienes más aman para ensimismarse en conceptos puramente abstractos e inmateriales como la música (el caso de Colm Doherty, encarnado por Brendan Gleeson). En ambas películas, el conflicto surge cuando esa existencia idealizada, en armonía con el paisaje, se da de bruces con una realidad más tozuda.

En ‘Almas en pena de Inisherin’, el risueño Pádraic se encuentra de la noche a la mañana con la decisión intransigente de su amigo Colm Doherty de dejarle de hablar porque se ha dado cuenta de que Pádraic es la causa de que su tiempo se pierda en nimiedades diarias, impidiéndole avanzar como artista musical. Los dos filmes (‘Almas en pena…’ y ‘El hombre tranquilo’) se mueven entre la comedia y el drama, en paisajes apacibles que son ornamento para ocultar pesadumbres que fluyen bajo su superficie. En cierta forma ‘Almas en pena de Inisherin’ es más desesperanzada y melancólica que ‘El hombre tranquilo’. Sean Thornton (John Wayne) toma el camino contrario al de Pádraic Súilleabháin: él viene del progreso, de la violencia, y trata de refugiarse en un espacio soñado, mientras que Pádraic es parte activa de ese mundo romántico, ideal, y va viendo cómo se derrumba sin poder hacer nada para evitarlo. Si en ‘El hombre tranquilo’ se pasa del dolor al costumbrismo cómico, ‘Almas en pena de Inisherin’ evoluciona en sentido contrario: lo cómico deja vislumbrar unas tragedias interiores, un dolor sordo que acaba estallando en sufrimiento y muerte.

Lo que marca el humor en ambos films son las caracterizaciones de los personajes, el carácter arquetípico de los habitantes de los pueblos, el conflicto irracional entre los dos personajes principales, conflicto que se presenta como un desafío al comienzo del metraje pero que, debido al empecinamiento irlandés, acaba por traspasar lo sensato. Lo que ponen en juego ambas actitudes de los dos films es algo más profundo: es todo el entendimiento de la vida, todo lo que la existencia significa para uno. Y eso es lo que aporta tal ambigua característica a ambas películas: no son ni tragedias ni comedias, sino una amalgama entre ambas: las reacciones desmesuradas dan paso a una reflexión más profunda de los hechos que desvelan el miedo a la soledad humana.

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Número 9: ‘Anatomía de una caída’, de Justine Triet (Francia)

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Son tres los personajes destacables de ‘Anatomía de una caída’, Palma de Oro a la mejor película en el Festival de Cannes 2023. La escritora Sandra Voyter (Sandra Hüller), a quien se la encausa por el asesinato de su esposo, Samuel; su hijo Daniel (Milo Machado Graner) y el abogado de Sandra, Vincent Renzi (Swann Arlaud). Todos ellos ocultarán al espectador y al resto de actantes sus verdaderas intenciones y sus motivaciones. Justine Triet se muestra bastante equilibrada a la hora de desarrollar la dramaturgia de la película. Las primeras preguntas que nos hacemos son: ¿Quién es verdadero protagonista? ¿Cuál es el punto de vista principal de la historia?

Si nos remitimos a films de género judicial, tendemos a situar al abogado defensor como el personaje con objetivos más claros. Véase por ejemplo ‘Testigo de cargo’ (1957) de Billy Wilder, donde el abogado defensor (interpretado por Charles Laughton) se introducía como protagonista de una trama en la que también un posible asesino (Tyrone Power) se presentaba como inocente ante el abogado y el propio espectador. En ‘Anatomía de una caída’, Vincent, antiguo amigo del matrimonio, duda continuamente de la inocencia de su cliente, aunque esa desconfianza se equilibra con la atracción que siente hacia ella. Hay una posible lectura que apunta a una aceptación de Vincent del posible crimen si esto le permite iniciar una relación sentimental largo tiempo deseada con ella.

En el caso del niño, Daniel, todo es un poco más complejo. El propio proceso judicial le lleva a reflexionar sobre quiénes eran sus padres y la inocencia de la mirada se trunca al descubrir a personajes complejos, adultos, seres moldeados por la sociedad en la que viven. Ese espacio idílico que representan las fotos familiares termina escondiendo una realidad emponzoñada, cargada de odios e infidelidades. Daniel pronto descubrirá que no sabe nada de su madre, por lo que acaba distanciándose de ella, debido a la observación objetiva que le proporciona el juicio. Así, Daniel debe sobrevivir por sí mismo. Y tomar una decisión que bien pasa por la sumisión a los acontecimientos o por la propia acción que clarifique los mismos. Poco a poco, Daniel va tomando el carácter prototípico del detective de la historia.

Sandra bien podría ser la protagonista absoluta de la película, pero su complejidad psicológica (y su conocimiento de la psicología como escritora) le lleva a ocultar la información, es decir, los hechos acontecidos, tanto a su abogado, como a su hijo, y al mismo tiempo a nosotros, los espectadores. Es muy parecida al personaje de Tyrone Power en ‘Testigo de cargo’. Nadie sabe por qué apostar, ya que apenas conocemos sus verdaderas intenciones.

Como se ve en la escena prólogo, una cámara objetiva en busca de la verdad, una información parcialmente omitida y una psicología compleja se mueven a la par desde el punto de vista de estos tres personajes, cada uno de los cuales bien podría ser el protagonista del drama que contemplamos.

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Número 8: ‘El caftán azul’, de Maryam Touzani (Marruecos)

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Mina (Lubna Azabal), junto a su esposo Halim (Saleh Bakri), administra una pequeña sastrería de trajes autóctonos en la ciudad costera de Salé. Ambos, de mediana edad, son ejemplo de la estabilidad matrimonial, de la continuidad de esa cultura tradicionalista, del artesanado, aunque viven justo al límite de sus posibilidades. Mina busca un objetivo simple, la conservación de esa forma de vida que han decidido tener ella y su esposo. Pero, contrario a ese objetivo, como toda buena dramaturgia, se le presentan tres tipos de conflictos al mismo tiempo:

1) El exterior o económico, al aceptar plazos y costes ajustados y muy difíciles de cumplir para la realización de un caftán azul que, en cierta forma, adquiere peso de obra de arte.

2) El personal: Halim, aunque ama a Mina, siente deseos sexuales hacia personas de su mismo sexo. Mina sufre al sospechar que Halim nunca ha sentido verdadera pasión por ella, entendiendo que su felicidad nunca ha sido plena, tanto que sufre al entender que no solo ella, sino también Halim, están obligados a vivir una vida encubierta, silenciosa, sometida a principios religiosos y tradicionalistas, fundamentos de una enseñanza y manera de vivir específicas que limitan sus libertades.

3) El interno. Mina sufre una enfermedad terminal. La metástasis de un cáncer que la aproxima a una muerte cercana.

La directora Maryam Touzani conduce esta dramaturgia por el camino de la transformación del personaje protagonista. En Mina, cuanto más se destruye su persona debido a la enfermedad, cuanto más consumido está su cuerpo y más agotadas sus fuerzas, mayor es su capacidad para transmitir ánimos, esperanzas y amor. Su muerte debe promover el embrión que anime al desarrollo de una sociedad más justa, que se abra a los progresos sociales relativos a la igualdad y a los derechos de las minorías, a la vez que mantiene invariable la herencia tradicionalista de su país.

El incidente incitador, el elemento perturbador para que Mina alcance su objetivo se llama Youssef (Ayoub Missioui). Persona independiente, presencia silenciosa sin conexión previa con el matrimonio, que entra en la sastrería como aprendiz. Pero lo que apunta Maryam Touzani, especialmente en la utilización de primeros planos, es que la belleza del rostro de Youssef va a desestabilizar ese equilibrio inestable en el que viven Mina y Halim. Y al igual que sucedía en ‘Imitación a la vida’ (1959) de Douglas Sirk, con el personaje de Annie Johnson, que deseaba para su entierro que su ataúd fuese conducido por las calles dentro de una lujosa carroza guiada por dos caballos blancos, Mina también deseará que tras su muerte su cuerpo muerto sea reconocido, lisonjeado y glorificado. Halim entenderá que ese caftán azul que ha estado preparando para una clienta durante varios meses, con el cuidado de estar realizando una obra de arte, ese caftán que en cierta forma se vincula con su amor hacia Youssef, debe vestir a Mina durante su entierro, exhibiéndola por las calles con la grandeza de reconocer el valor de mujer revolucionaria.

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Número 7: ‘Spider-man: cruzando el multiverso’, de Joaquim Dos Santos, Kemp Powers y Justin Thompson (USA)

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La segunda entrega del cine de animación de la serie Spider-man encarnada por Miles Morales está completamente integrada en la nueva tendencia del cine fantástico de superhéroes de los multiversos. El potencial narrativo y visual que propone la existencia de mundos simultáneos y paralelos, y la posibilidad de disponer de puertas de acceso a los mismos, abre el campo del fantástico, en lo referente a los guiones, a dos nuevos factores:

1) La ruptura de la lógica narrativa causa-efecto, abriendo los acontecimientos a lo inesperado y a la sorpresa. Es el ejemplo de ‘Todo al mismo tiempo en todas partes’. Los golpes de efecto deben multiplicarse en relación a otro tipo de géneros, ya que lo que pondera es la rapidez, la sobrexposición de ideas.

2) El establecimiento de una nueva serie de paradigmas, de convenciones, que permitan al espectador conocer las reglas y saber moverse con cierta seguridad entre las imágenes. Como ejemplo tenemos la representación de los portales que conectan los diferentes multiversos, identificados como aperturas circulares y brillantes en el presente y en el espacio de los acontecimientos.

Uno de los valores de ‘Spider-man: cruzando el multiverso’ es la claridad en una narrativa tan reciente y tan compleja. Aunque la idea proviene de la serie de comics ‘Spider-verse’, los universos (siempre en el Planeta Tierra) están numerados. Este factor consigue que la presencia de universos paralelos se convierta en una cuestión de “distancia”. Aunque la claridad es contraria a la sorpresa, ésta no elimina la misma. Cuando Miles Morales consigue huir de la Tierra-928, sede de todos los spiders, cree retornar a su casa (la Tierra-1610), pero realmente, donde ha ido a parar, es a otro multiverso muy similar al suyo (la Tierra-42). El espectador se da cuenta de que los elementos de la puesta en escena no encajan desde el principio (hecho que los directores logran modificando elementos del diseño de producción de las imágenes), pero se ve obligado a pensar para poder entender qué está sucediendo.

‘Spider-man: cruzando el multiverso’ mantiene, como parte de un serial, todas las características visuales de ‘Spider-man: un nuevo universo’, pero acierta en aspectos como la normalización de la diversidad social (razas, sexos, culturas…) y el humor, muy bien trabajado en aspectos como el diálogo, que individualiza en su idiosincrasia a los personajes, al mismo tiempo que los generaliza en una serie de comportamientos universales que son deformados hacia la ironía y la sátira. En ‘Spider-man: cruzando el multiverso’ se habla de un joven adolescente, de sus dificultades por romper con la dependencia de sus padres, de una vida ajetreada (los multiversos son, en cierta forma, una metáfora de las redes sociales) donde la amistad es más líquida que física, y de los miedos por iniciar una primera relación sentimental.

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Número 6: ‘Cerrar los ojos’ de Víctor Erice (España)

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‘Cerrar los ojos’ tiene esa estructura genérica de las películas de misterio. El de la búsqueda de las huellas y los rastros de un misterio, el de la necesidad de cerrar unos interrogantes y el de la sorpresa que genera el descubrimiento. El film de Erice emprende el camino desde lo externo, el de la propia imagen fílmica, desde un pedazo de filmación que se diferencia de la realidad en su concepción teatral, en su formato panorámico y lejano del plano general. En ese film titulado ‘La mirada del adiós’ y que se encuentra dentro de un film que contemplamos, se vislumbran una incógnita (el sufrimiento del actor protagonista, Julio) y una temática (la distancia en la relación de un padre con su hija), pero también se genera un espacio metanarrativo, ya que de lo que hablamos es de cine: el director de la película dentro de la película, Miguel Garay (Manolo Solo), es un símil del propio Víctor Erice, así como ‘La mirada del adiós’ lo es del film irrealizado por Erice ‘El embrujo de Shanghai’.

Tras la introducción damos un salto al presente. A través de un constructo de guión sobre un programa televisivo de investigación (posiblemente lo más endeble de la película de Erice sea no haber sabido encontrar otra manera de iniciar la búsqueda) nos enteramos de que Julio Arenas desapareció poco después de iniciar el rodaje de ‘La mirada del adiós’, llevando ya más de veinte años desaparecido. Hay en la primera parte una serie de encuentros de Garay con aquellas personas cercanas a Arenas. Una primera parte donde la narrativa de ‘Cerrar los ojos’, el dialogo, adquieren una predominancia nada habitual en el cine de Erice. Hay incluso un cautivador flashback en los últimos momentos de Arenas antes de marcharse, empapando sus zapatos con agua de mar y colocándose de portero ante una portería de futbol. Pero como debería haber ocurrido en ‘El sur’ (1983) de Erice, la narración se desplazará poco después a Almería. A partir de aquí, el film da un giro de 180 grados. Deja de mirar hacia afuera para mirar hacia adentro.

La mitomanía circula como la savia a través de las imágenes: Von Stenberg, el Howard Hawks de ‘Río Bravo’ y menciones a Dreyer. El cine no deja de fluir, como sucedía en ‘El espíritu de la colmena’ y ‘El sur’. Pero ahora sin el componente político que elevaba la lectura de estos dos films precedentes. El misterio va centrándose en uno mismo, en buscar las razones de lo que pudo fallar, en saber si uno fue parte del detonante de la crisis. Luego está la separación. Nuevamente Ana (Ana Torrent), ya adulta, más sensata, menos fantasiosa (¿es para Erice la Ana de ‘El espíritu de la colmena?’) tras haber desistido de descifrar el misterio de la desaparición de su padre, Julio, halla una nueva oportunidad para rencontrarse con su padre. Descifrar su secreto. En la tercera parte de ‘Cerrar los ojos’ los personajes se encuentran nuevamente, pero no se reconocen. Hay demasiada distancia. Pero la memoria se reactiva a través del recuerdo, del potencial infinito de las imágenes. Hay que cerrar los ojos para mirar nuevamente.

Fin de la primera parte

En el siguiente capítulo se repasarán las 5 mejores películas: ‘Fallen leaves’, ‘Los asesinos de la luna’, ‘Vidas pasadas’, ‘Los Fabelman’ y la número 1, ‘La belleza y el dolor’ de Laura Poitras.

Artículo escrito y cedido por GERARDO CREMER de https://bilbaoenvivo.wordpress.com/

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